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Los socios con mayor edad del Hogar de Pensionistas El Berrón recibieron un merecido homenaje

Publicado el 01/05/2019
El tapin Los socios con mayor edad del Hogar de Pensionistas El Berrón recibieron un merecido homenaje

La Asociación Hogar de Pensionista El Berrón celebró en el Restaurante La Torre de Pruvia su comida de hermandad y el Día del Socio, donde se homenajeó a los socios de mayor edad y a otros diez socios especiales. Pero antes en la iglesia parroquial de La Carrera tuvo lugar la misa por los socios fallecidos. Los mayores que disfrutaron de su homenaje tras la comida fueron: Eduardo Méndez Álvarez, Luis Valdés Díaz, Josefina Fanjul Fernández, Fermín Quirós Canteli, Faustino Ordiales Álvarez, María Aurora Fernández Alonso, Argentino Noval Medina, María Oliva Rodríguez Noval, Esther Díaz Noval y Amable Fernández Rodríguez. Los socios especiales que recibieron su homenaje fueron: Álvaro Villanueva, Carmen Lombardía, José Manuel Lastra, Javier Fernández, Gabriel Moro, Begoña García, María de las Nieves Cordera, Montserrat Díaz y María Soledad Morales.

El presidente del Hogar, Juan Álvarez, felicitó a todos los homenajeados, “estos socios son un ejemplo a seguir en esta sociedad tan egoísta, pragmática y materialista y debemos fijarnos en ellos, porque son nuestro referente”, apuntó. También dedicó unas emotivas palabras a las madres de la sala, ya que el domingo se celebrará su día.

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Mayores del Principado, Dolores Sanmartín, recordó que este año estuvo cargado de sobresaltos para los jubilados, ya que han tenido que luchar recogiendo firmas y concentrándose con otros colectivos para exigir que las pensiones estén amparadas en la Constitución.

También intervino el Doctor José Antonio Flórez Lozano, socio de honor, también intervino en los discursos valorando la actitud positiva de los homenajeados, ya que tras su lucha y esfuerzo en la vida todavía tienen fuerzas para ser activos socialmente.

El presidente de honor, Juan Camino, quiso dejar claro que sin una Junta Directiva las asociaciones de pensionistas no existirían y mucho menos podrían organizar un acto tan emotivo y con tanto trabajo como el Día del Socio. Lina Menéndez Sánchez, la directora general de Servicios Sociales de Proximidad, dedicó unas emotivas palabras a los homenajeados, sobre todo por aportar tantas cosas a la sociedad de bienestar y por contribuir con su trabajo e inclusos sus impuestos a que se mantenga.

La última en intervenir fue la concejala de Bienestar Social, Natividad Álvarez, recordó que el Ayuntamiento de Siero aportó 800.000 euros en las asociaciones de jubilados del concejo a lo largo de esta legislatura y se comprometió en continuar con ese apoyo a estos colectivos.

Eduardo Méndez nació un 29 de diciembre de 1925 en Buenos Aires, hijo de Don Manuel Méndez y Doña Higinia Álvarez, que habían emigrado a Argentina. Al podo de nacer él y sus padres volvieron a Asturias, a Larón, en Cangas de Narcea, y allí vivió sólo con su madre, pues su padre regresó a Argentina.

Su padre vino nuevamente a Asturias. Pero regresó a Argentina y aunque Eduardo tenía ilusión por regresar con él, quedó para cuidar la hacienda. En España sería un señor, en Argentina nada más que un criado.

Se casó con Doña Balbina tuvieron seis hijos. A los que habría que sumar siete nietos y un biznieto. Fue cartero de la comarca, y hacía el reparto a caballo, ayudado de su esposa. Enviudó y vino a vivir a El Berrón con su hijo, llamado Eduardo.

Luis Valdés nació en Carbayín Bajo, en enero de 1931 en el seno de la familia de Herminio Valdés Álvarez, maestro de obras, y Matilde Díaz Aller, regente de un negocio familiar con su hermana María Iluminada. Su padre fue asesinado durante la guerra y quedó huérfano de padre. La escuela primaria con el maestro del pueblo que completó en el colegio de los dominicos de La Felguera, y después la es escuela de artes y oficios de Pola de Siero. Cursó el bachillerato, en el colegio San Francisco de Asís y, a los 18 años, finalizado el bachiller y la reválida de sexto, ingresó en el seminario. A los 26 años, en la catedral de Oviedo fue ordenado sacerdote en el año 1957. Nombrado párroco de San Martín de La Carrera, ejerció de párroco durante 54 años.

Josefina Fanjul nació un 19 de marzo de 1931 en Xixún. Sus padres fueron Doña Pura Fernández y Son Carlos Fanjul. Su padre, minero, se mató en la mina, con 42 años, cuando ella tenía 20 años. Tenían también un hermano más joven que emigró a México a los 18 años,

Así pues, a los 20 años se quedó sola con su madre viuda, una luchadora. Con 23 años se casó con Manuel Sánchez de San Martín de Anes, ferroviario y tuvieron tres hijos a los que hay que sumar dos nietas y un nieto. Quedó viuda a los 74 años, después se haber cuidado durante 15 años a su marido, postrado en una silla de ruedas que, por cauda de la diabetes, le habían cortado las dos piernas.

Fermín Quirós nació en Aramil, un 16 de abril de 1931.Sus padres eran Doña Mary Paz Canales y Don Constantino Quirós, ella de Pola de Siero y el de La Carrera. Fue a la escuela en su pueblo natal, Aramil, hasta los 14 años.

Cumplido los 18 años, comenzó a trabajar en el taller de mecánica de Juan González. Al terminar su jornada laboral se ocupaba de los animales y de cultiva la huerta. También arreglaba los bidones de leche de su amigo Argentino.

Se casó con 36 años con Lucía y fruto de ese matrimonio nació su única hija, llamada también Lucía, que les ha dado una nieta, Carla.

Faustino Ordiales nació en Aramil, en enero de 1931, hijo de Doña Pilar Álvarez y de Don Faustino Ordinales. Iba a la escuela con el maestro del pueblo, un día sí y otro no, pues tenía que cuidar del ganado.

Tuvo muchos trabajos; en un taller de carros, en económicos, donde también trabajaba con su padre; ferroviario, arreglando vías del tren; en Pumarabule, durante siete años, para librarse de la mili; en Calzados Nora, con Graciano y, cuando éste cerró, abrió la tienda Electrodomésticos Tino, que dejó a su hijo cuando se retiró.

Se casó con 31 años y de ese matrimonio nacieron dos hijos: Eduardo y Raúl y dos nietos; Andrea y Enol.

María Aurora Fernández nació en Hevia, fueron sus padres Don Restituto Fernández de la Roza y Doña Ludivina Alonso. Se casó con Abelino Álvarez Piquero y del matrimonio nacieron dos hijos, Maxi y nardino y ahora tiene cuatro nietos y dos biznietos. Asistió poco a la escuela, pues tenía que ayudar en labores del campo.

Cuando tenía 13 años, metieron a su padre preso por causa de la guerra, y su madre tuvo que cambiar de casa con tres hijos. Lola, por las mañanas, con un burro al que llamaban “Manolo”, distribuía pan de la panadería Colegial por los comercios de El Berrón, Orial y Santa Marina. En invierno tenía que agarrarse a la cola del burro para pasar la charca que formaba el río al desbordarse. Por las tardes, hasta las 6, iba a aprender a coser y, después, otra vez con su burro recogía leche en Santa Marina y Hevia y la llevaba a la estación de El Berrón, el tren de las 8 que iba para Sama de Langreo. A partir de los 51 años, trabajó en invernaderos.

Argentino Hortal nació en Millares de Sariego, en febrero de 1931, siendo sus padres Don José Hortal y Doña Dolores Medina. Se casó con Almudena Fernández y tuvieron dos hijos. De pequeño iba a la escuela, pero un día sí y otro no, pues tenía que ayudar en las labores del campo.

Comenzó a trabajar en el monte El Faríu, haciendo pozas para plantar pinos. Al llegar a casa, tenía otras faenas. A los 16 años, durante 2 años, trabajó en La Collada, una mina de minerales. A los 20 años pasó a la mina de Pumarabule para librarse de la Mili.

Dejó la mina para ayudar a su madre que se había quedado viuda; volvió a la mina, en La Vega, de caballista cargando el carbón, durante 3 años y medio, pero volvió a dejarla porque ganaba poco y salía a mojadura diaria. Comenzó un negocio, a medias, con un socio para recoger le aleche en la provincia y termino comprándole su parte. Quedó viudo a los 77 años y se retiró a los 80 años con una pensión baja.

María Oliva Rodríguez nació en mayo de 1932, en Forfontía, en el seno de una familia numerosa formada por Don Román Rodríguez y Doña Anselma Noval y sus cinco hijos, siendo ella la mayor. Su padre trabajaba en el Cortijo de La Carrera y su madre se ocupaba de las labores del hogar, del cuidado de los animales y del trabajo del campo.

Comenzó la escuela a los seis años, no podía ir todos los días porque tenía que ayudar a su madre. A los 12 años una tía, que era monja, la llevó con ella a Gijón, donde estuvo dos años interna, pero enfermaron su madre y su abuela y regresó a casa para ayudar.

Recorría todos los días muchos kilómetros pues tenía que llevar la comida a su padre, ir a la fuente por el agua, a media hora de camino, lavar la ropa en el rio, cuidar los animales y trabajar en el campo.

A los 21 años se casó con un mozo del Entrego y nacieron cinco hijos. A los que hay que sumar 6 nietos, su marido murió a los 59 años.

Esther Díaz nació en Xixún, siendo sus padres Doña Honorina Noval y José Antonio Díaz, que tuvieron 3 hijos. Su padre, minero picador, su madre trabajó toda la vida en las fábricas de embutidos de Noreña. Falleció su padre, cuando tenía 5 años. Era él quien la llevaba a la escuela de la Morena, cuando iba a trabajar. Prosiguió con sus estudios con un maestro particular. Su madre trabajaba son descanso para criar a sus tres hijos y hasta llegó a vender chucherías en las romerías.

Se casó a los 28 años con un gallego llamado Arturo, que eran minero, como su padre, pero quedó enterrado en el fondo de ésta y a causa de este accidente le pensionaron. Del matrimonio nacieron dos hijos. José Antonio y Ana María que le han dado tres nietas, además de tres biznietas.

Amable Fernández nació en Vega Muñiz, en 1931, en una familia humilde. Sus padres eran Doña Pilar Rodríguez y Don Aquilino Fernández. Tuvo una vida sacrificada desde su tierna infancia, pues tenía que ayudar en las labores del hogar y los trabajos del campo. Su madre, enferma de tuberculosis, falleció cuando sólo tenía 12 años. Asistía a la escuela, cuando sus quehaceres se lo permitían.

Se casó con Avelino Sánchez a quien conoció en un baile con Collao, que también enfermó, quedándose viuda a los 56 años. Durante mas de 30 años tuvo luchar por sacar adelante a sus dos hijas y atender a su marido enfermo. Sus dos hijas le han dado 5 nietos, a los que hay que sumar dos biznietos.