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"Vientres de alquiler y gestación subrogada”, charla coloquio organizada por la agrupación local del PSOE de Siero.

“Además de abrir una nueva vía de explotación hacia las mujeres, esta práctica ‘cosifica’ tanto a las gestantes como a los hijos e hijas fruto de un vientre de alquiler”, señalaba Blanca Aranda.

Publicado el 21/01/2019
El tapin "Vientres de alquiler y gestación subrogada”, charla coloquio organizada por la agrupación local del PSOE de Siero.

Organizada por la agrupación local del PSOE de Siero, en la Casa del Pueblo de La Pola, una charla coloquio titulada: “Vientres de alquiler y gestación subrogada”. En ella intervinieron Blanca Esther Aranda Rilo, bióloga y presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas de Asturias y María Ludivina Valvidares Suárez, profesora de Derecho Constitucional y directora del Área de Responsabilidad Social, Apoyo a la Inclusión e Igualdad de la Universidad de Oviedo.

Blanca Aranda analizó el tema desde la perspectiva ética, “que no moral ni de moralina”, recalcó; mientras que Blanca lo hizo desde el punto de vista legal en el marco de la Constitución española.

¿Es un derecho ser padres?

“La idea principal de la que yo parto cuando voy a este tipo de charlas es: un deseo… ¿es un derecho?”, comenzaba Blanca Aranda, pues “el derecho a ser padre o madre no figura en ningún ordenamiento jurídico, ni español ni internacional. En la Constitución española existe el derecho a formar una familia, que es algo completamente distinto” y “otra cosa que yo me pregunto es: ¿tú quieres ser padre o quieres tener un hijo?, porque yo creo que el matiz es importante… no es lo mismo querer ser padre que querer tener un hijo”, puntualizaba.

Mercados de mujeres y niños.

“Yo creo que aquí de lo que estamos hablando es de una mera transacción comercial, que quienes defienden esta práctica en España tratan de disfrazar de altruismo”, opinaba Blanca Aranda, porque “hay un contrato mercantil entre dos partes: una pareja o individuo que aporta el material genético y una mujer que es la que va a gestar el hijo o hija que después será dado, es decir, que la mujer actúa de mera incubadora”, por lo que “yo lo veo como una ‘cosificación’, tanto de la mujer gestante como del niño o niña que nace de esa gestación y, si tenéis alguna duda, no hace falta más que darse una vuelta en Internet por las páginas de las agencias que se dedican a esto, que son auténticas ferias donde se pueden escoger desde los rasgos de la madre o el tipo de alimentación que va a seguir, hasta los controles médicos a los que se la va a someter o las relaciones sexuales que podrá tener o no… y también se detalla que habrá ‘controles de calidad’ sobre el hijo o hija que nace… e incluso tendrán ‘derecho a devolución’, es decir, que lo podrán devolver si no cumple los parámetros esperados… “, describía.

“A mí me parece una auténtica aberración tratar así tanto a las mujeres como a los bebés”, expresaba, puntualizando que “otra cosa muy distinta son los casos de mujeres que quieren gestar a su nieto o a su sobrino, por ejemplo, porque su hija o su hermana no pueden hacerlo; éstos sí son casos altruistas, que se hacen desinteresadamente y por cariño y yo ahí no me meto… pero son casos excepcionales, de los que puede haber uno o dos en cada país”, aclaraba.

¿Demanda social… o negocio de las agencias?

“¿Existe realmente la demanda social de vientres de alquiler que nos quieren hacer creer?”, se preguntaba Blanca Aranda, “yo creo que no, que lo que realmente hay es una serie de lobbies que están intentando, a través de sus posiciones de poder social y económico, colarnos el tema porque, en realidad, lo que hay detrás es un gran negocio, tanto de las agencias que se dedican a ello como de los bufetes de abogados que trabajan para ellas”, opinaba.

“Yo comprendo perfectamente la frustración de las personas que quieren ser padres o madres y no pueden… pero, de todas formas, éste es un proceso que sólo está al alcance de las élites; una pareja o persona con unos ingresos corrientes de 12.000 o 15.000 euros anuales, como hay millones en España, no podría acceder a la gestación subrogada porque no podría afrontar los gastos, por mucho que el proceso estuviera regulado aquí en nuestro país”, explicaba, “por lo que yo creo que la presión que están haciendo las agencias para cambiar la legislación (concretamente el artículo 10 de la Ley de Reproducción Asistida) es con el fin de tener una vía legal de fácil acceso a la hora de inscribir a los menores aquí en España y abrir de esa manera una vía de negocio”.

¿Libertad de acción para las mujeres?

“Una idea a la que se agarran quienes defienden esta práctica es el ‘bueno, si ella quiere… “, pero en realidad el ‘si ella quiere’ es que las mujeres de Ucrania, Israel o Guatemala e incluso EEUU que gestan hijos para otras personas, probablemente no tengan mucha elección, pues ese dinero a lo mejor es la única alternativa para dar de comer a sus hijos y se ven obligadas a elegir entre ‘lo malo’ o ‘lo muy malo’… ¿qué libertad de elección hay en esa decisión?”, preguntaba Blanca Aranda.

Los vínculos biológicos y psicológicos entre la gestante y el bebé.

“Otro argumento que esgrimen las agencias es la falta de vínculo genético entre la gestante y el bebé, puesto que éste no lleva su carga genética”, apuntaba Blanca Aranda, pero “los vínculos biológicos y psicológicos que se generan entre una gestante y el feto que lleva en su vientre son algo que, lo mismo yo como bióloga que cualquier mujer que haya tenido un hijo, sabemos que son innegables” y además “están científicamente comprobados”, añadía, puesto que “los intercambios biológicos, neurológicos y psicológicos durante los nueve meses de embarazo son incuestionables y ésa mujer entabla un vínculo con el bebé lo mismo que el bebé lo entabla con ella” y también “hay un intercambio genético entre ambos, un intercambio de células madre, es decir, ese bebé llevará durante toda su vida células madre de la mujer que lo gestó, lo mismo que la mujer llevará células madre del bebé que tuvo en su vientre” y además “el desarrollo del córtex cerebral está directamente relacionado con la segregación hormonal de la mujer a lo largo del embarazo, con lo cual, los vínculos genéticos y biológicos están sobradamente demostrados” y “los vínculos psicológicos son tan innegables que las propias agencias dan cursos a las mujeres para que no desarrollen apego hacia el bebé que nacerá… pero yo me pregunto… ¿es eso posible? y si lo es ¿qué siente el bebé?, porque el feto también siente el amor y los estados de ánimo de la gestante mediante las hormonas que ésta le transmite… ¿qué consecuencias puede tener para ese niño o niña no sentir ese cariño?”, se preguntaba.

Las ‘granjas’ de mujeres gestantes.

“En la India hay granjas de mujeres gestantes de los hijos de occidentales”, exponía la bióloga, “hay pueblos enteros dedicados única y exclusivamente a que sus mujeres vivan en una especie de ‘granjas’ donde gestan a los hijos e hijas de los occidentales que lo han contratado… ¡esto es real!... no me lo estoy inventando”, subrayaba, “y también en Ucrania, de donde salió un reportaje en el que los gestores del negocio presentaban a las embarazadas que tenían allí, en una especie de hospitalillo, como plenamente concienciadas de lo que estaban haciendo… después, a micrófono oculto, se veía a las mismas mujeres contando cómo las presionaban, sus dificultades a la hora del parto o cuando tuvieran que entregar al bebé, el sentimiento de culpa, los problemas después con su entorno… Por eso a la Federación de Mujeres Progresistas y a mí nos parece que esta práctica, además de ser una nueva vía de explotación hacia las mujeres,  es además ‘cosificar’ tanto a las mujeres como a los niños y niñas nacidos de vientres de alquiler”. Y, como anécdota, “quizás muy significativa”, quiso señalar “el caso de Miguel Bosé y su pareja que, siendo padres de cuatro niños por gestación subrogada, decidieron repartírselos tras su separación: dos para cada uno… Yo me quedé alucinada cuando lo leí”, expresaba, “¿pero ésto qué es?... se los reparten como quien se reparte la vajilla, o los televisores… como si fueran una posesión más… ¿no es esto ‘cosificar a las personas?”, recalcaba. “Yo os invito a la reflexión”, concluía Blanca Aranda.

El marco legal en la Constitución española.

María Ludivina Valvidares analizó cómo encajaría o no el tema de la maternidad subrogada en nuestra Constitución desde el punto de vista jurídico, para ver “los límites que podría tener una eventual ley que pudiera regular este tipo de gestación”, llegando a la conclusión de que “no hay nada en la Constitución que impida regular la gestación subrogada” pero “atendiendo a las garantías de derechos que regula nuestra Carta Magna, los condicionamientos y requisitos para tal contrato serían tan estrictos, que probablemente nadie querría… o no le servirían a nadie”.

“Personalmente a mí me surgieron muchas dudas al estudiar el tema”, manifestaba María Valvidares, pues “según nuestra Constitución una mujer tiene derecho a disponer libremente de su cuerpo pero… ¿hasta dónde actúa libremente? Y, en todo caso, tendría que ser un consentimiento informado, tanto de los riesgos en su salud física como en su salud mental y tampoco se la podría obligar a practicar ningún tipo de prueba, por lo que no sería válida, entiendo yo, ninguna cláusula que comprometiera a la mujer a realizar pruebas,  porque su integridad física es suya”. En este sentido, señalaba, “me llamó mucho la atención un documento de la Sociedad Española de Fertilidad que hablaba de una disponibilidad plena de las mujeres para las pruebas”, y me resultó muy preocupante, tanto en este documento como en la propuesta que posteriormente trasladó el grupo político Ciudadanos, el hecho de que se den por válidos una serie de requisitos que yo jamás he visto en otros contratos, como que se haga un examen psicológico a las futuras gestantes… ¿y por qué no a quienes contratan la gestación, que son quienes se van a hacer cargo del niño o niña?. No sé… me parece muy problemático”, subrayó. También destacó que “si surgiera algún problema imprevisto a lo largo del embarazo, a la gestante sería a quien correspondería decidir la continuidad o no del mismo, independientemente de la opinión de los que lo han encargado, porque el control sobre su cuerpo lo tiene ella, en nuestro ordenamiento jurídico”, señalaba, y “por otra parte, yo también veo un gran riesgo de explotación”, finalizaba.