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Entrevista de El Tapín a Xuan Santori, autor del libro sobre el poleso Vicente García, el único español vivo del campo de concentración de Buchenwald

Publicado el 14/12/2018
El tapin Entrevista de El Tapín a Xuan Santori, autor del libro sobre el poleso Vicente García, el único español vivo del campo de concentración de Buchenwald

“42.553 Después de Buchenwald” es el ensayo recogido en un libro que cuenta la historia del único superviviente español vivo del campo de concentración Buchenwald en Alemania, el poleso Vicente García. Su autor es otro sierense, Xuan Santori, que es licenciado en Filología inglesa, doctor en Filología, profesor y escritor en varios géneros literarios, es políglota y maneja el inglés y el alemán, escogió el asturiano para acercar al lector la vida de Vicente García Riestra, desde el 24 de enero de 1944, fecha en la que lo deportaron al campo, hasta el momento de su liberación. El texto ganó la XXIII edición del Premiu Máximo Fuertes Acevedo.

“La idea comenzó cuando vi una noticia pequeña en la prensa, donde le daban el nombre de una calle al último superviviente español vivo del campo de concentración de Buchenwald, que era Vicente García, que en la actualidad es ciudadano francés y le dieron la Legión de Honor. Yo no sabía nada de él y comencé a investigar, además me dio por llamarlo, es una persona muy agradable y le propuse la idea de ir hasta allí un fin de semana y charlar con él para saber si podía escribir algo o no. La sorpresa fue absoluta cuando me encontré con una persona centrada y cabal, es muy consciente del peso que tiene el relato que te va a contar a pesar de sus 90 años”, recordó. Santori aseguró que la de Vicente es una historia épica y totalmente cinematográfica, que su protagonista la relata al detalle.

Vicente nació en Pola de Siero, donde vivió una época con sus padres y sus hermanas hasta que se trasladaron a vivir a Noreña, era hijo de republicanos y tuvo que marchar evacuado a Francia, donde comenzó a trabajar y se metió en la Resistencia Francesa, hasta que le detuvo la Gestapo, que le torturaron y le metieron en la cárcel, hasta que en 1944 le meten en un tren de mercancías y le envían al campo de concentración, con la catalogación de preso peligros de los que no podían salir con vida de allí. “Las preguntas que a mi me surgieron después de buscar información sobre Vicente fueron: ¿Cómo ha conseguido sobrevivir? ¿Cómo era su día a día allí? ¿Cómo llegó al final? El día que le liberaron cuenta que pesaba 28 kilos y ese dato, ya te pone en esas imágenes que todos vimos en la televisión y que son absolutamente terribles”, apuntó.

El autor aseguró que decidió plasmar toda la información que recogió de Vicente, de los documentos históricos que consiguió del propio protagonista, de los archivos alemanes y de museos, en un ensayo con un camino reflexivo, pero donde entra también la voz del propio superviviente. “El relató de él lo respeto integró y voy dándole voz, por lo que el lector va haciendo el recorrido a través de todo el proceso, de como llegó allí, como lo vivió con las propias descripciones y anécdotas del día a día”, explicó.

Lo que más impactó al escritor, que ya conocía el campo de concentración porque estudió en Alemania, fue el descubrir después de tantos años que allí estuvo detenido uno de sus vecinos de Pola de Siero, del concejo del que él mismo es natural. “Es el único superviviente y no estaba lo suficientemente reconocido, sobre todo en Siero y en Asturias en general. Del propio campo me sorprendió la estrategia que tenían nazi para exterminar a millones de personas. Por esta razón, en el libro se recogen todos los documentos personales del protagonista que encontré”, apuntó.

En estos documentos personales se recoge el pueblo en el que nació, su apariencia física, porque la cuestión racial era muy importante y se ve en los documentos como aparece con una pegatina roja, que era su identificación política. También aparecen los comandos y los grupos de trabajo, los castigos que recibían, la carta de deportación, copias de fichas y el acta de lo que le quitaron al llegar al campo, “con todo esto te das cuenta de que hay un sistema organizado por detrás y controlado, las fichas las hay por millones, era un sistema pensado para acabar con todas las personas de los campos”, relató.

Xuan comentó que cuando se produjo la liberación llegaron primero los americanos y cuando les liberaron, ellos sabían que tendría que andar durante kilómetros con temperaturas bajo cero, sin agua ni comida, por lo que decidieron tomar el campo y a él le tocó ir a las oficinas y allí encontró su ficha de preso, se reconoció por la foto, que él nunca había visto. “Yo he recogido sus vivencias, aportando también lo que se ha vivido alrededor y de lo que me he documentado, además de una reflexión personal sobre de donde sacó Vicente las fuerzas para seguir cuando no le daban de comer para seguir adelante, mientras la gente se suicidaba, una era la condición que tenía de que le perseguían porque había ayudado a los buenos. Él se comprometió con la resistencia y por eso tenía que aguantar, los que no tenían esa conciencia se rendían y duraban dos o tres meses”, afirmó.

En el título del ensayo se ve recoge su número de preso 42.553 y en la portada se ve la imagen del traje que llevaba allí con ese número, “fue con esa ropa con la que fue liberado y lo único que tenía cuando llegó a Francia de vuelta tras la liberación”, destacó. Vicente no sólo le contó el día a día, sino también su llegada al campo, donde les pelaban y les metían en una bañera con productos químicos, les quitaban la ropa y les metían en los barracones, “es muy importante la memoria material, el poder ver en imágenes los barracones y los trajes que vestían” aseguró.

Después de la desinfección les asignaban en un grupo de trabajo y a él le tocó en un primer momento en la cantera, donde duraban dos meses, pero en esos momentos conoce a un republicano alemán que estuvo con las Brigadas Internacionales y le aconsejó que dijera que era cocinero, para que le mandaran a la cocina para que pudiera salvarse, y gracias a ese consejo pudo vivir al poder quedarse con algún puñado de comida y de agua, aunque sobrevivió porque acabó la guerra, ya que allí estuvo un año y medio.

Por el campo de concentración pasaron 250.000 personas y se salvaron en la liberación casi 80.000 personas, vivían hacinados en cada barracón dormían 400 presos. Normalmente en el campo central había 50.000 personas, pero este tenía campos asociados con más presos, que servían de mano de obra a las empresas de la zona. Que se colocaban en una especie de polígonos en las inmediaciones de los campos.

“El nivel de crueldad y sadismo en el tratamiento que tuvieron fue el peor que podemos imaginar. Vicente sólo veía mujeres cuando evacuaban otros campos y los llevaban allí, a lo que ellos denominaban el campo pequeño, para que se murieran de hambre y de sed, sin letrinas y durmiendo al raso”, aseguró.

Por las noches en el barracón dormían unos en esas literas grandísimas con una sola manta para cada uno y el se subía a la litera de arriba y dormía al lado de un polaco, para tener dos mantas y poder acabar con el frío. “Al principio cuando veían pasar un muerto por las calles del campo, que se colocaban sobre un carro y ellos se quitaban la gorra y saludaba ofreciendo respeto, pero al cabo de dos meses decían que el siguiente iban a ser ellos y todas sus fuerzas las gastaban en sobrevivir”, afirmó. Santori se presentó al premio Máximo Fuertes Acevedo, como un deber ciudadano de hacerlo público y que se conociera para hacer justicia.