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Lula da Silva expresidente de Brasil encarcelado por defender a su pueblo

Publicado el 02/10/2018

Me parece justa y razonable la propuesta del que fuera Premio Novel de la Paz en 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, defensor de los derechos humanos, de proponer a Luda da Silva –expresidente de Brasil-, para tan meritorio Premio. Tan meritorio como los logros que durante sus años de gobernanza haya acabado con la pobreza de millones de brasileños en un país tremendamente rico pero con una injusticia social.  

Esta propuesta está hirviendo la sangre a sus contrincantes políticos que han tratado de cualquier forma de evitar su reelección y enviándole a la cárcel   con falsas pruebas y con un más que dudoso sistema judicial que se basa más en convicciones que en pruebas reales para dictar sentencias.

Todo el proceso contra Lula ha ido a un ritmo extremadamente rápido que contrasta sospechosamente con la lentitud que se lleva en el proceso contra Michel Temer.

Todo esto, muestra el resquebrajo democrático, la vulneración del estado de derecho y la mutilación de la esperanza y el progreso de un pueblo.

El pecado de Lula fue haber soñado que era posible transformar el país, incluyendo a millones de pobres en la economía, creando millones de puestos de trabajo, hacer posible que los hijos de obreros y campesinos accedieran a la universidad y hacer posible que los pobres pudieran comer tres veces al día.

La condena a Lula, es sencillamente el golpe final de una persecución política, una conducta antijurídica con muchos cómplices conspirando bajo la “farsa” de luchar contra la corrupción.

El pueblo en la calle se ha volcado en apoyo de Lula y cabe confiar que su sustituto  por el partido de los trabajadores a las elecciones anunciadas en primera vuelta para el 7 de octubre, Fernando Haddad pueda dar el golpe definitivo en las urnas y restituir la legalidad moral en Brasil.

Como decía Lula: “los poderosos podrán matar una, dos o tres rosas, pero no podrán detener la primavera”.